Superados en número, los españoles capotearon con valor las provocaciones de la porra rival antes de que iniciara el encuentro deportivo
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Nueva York al ritmo de tango y flamenco

Superados en número, los españoles capotearon con valor las provocaciones de la porra rival antes de que iniciara el encuentro deportivo

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Autor: José Alfredo Ramos López
19 de julio de 2026 a las 23:19 · 9 Vistas · 2 min de lectura

Nueva York, EU.– La “Ciudad que Nunca Duerme”, la Ciudad de Nueva York, literalmente no pudo conciliar el sueño…y es que, cómo hacerlo si La Gran Manzana fue invadida sorprendentemente por la convulsión de miles y miles de hinchas a ultranza del Diego y Lionel, por aguerridos fanáticos de la Furia Roja y por amantes del fútbol en general que vinieron a vivir intensamente el ambiente de la Gran Final del Mundial de Fútbol 2026 entre Argentina y España.

Aunque el escenario de este acontecimiento histórico fue en New Jersey, ubicación real del Estadio Metlife, el verdadero ecosistema futbolero estuvo siempre en Manhattan, Nueva York.

Antes del partido definitorio, Central Park, Times Square, El Rockefeller Center, el Empire State y un sin fin de iconografía urbana neoyorquina estuvo tapizada por motivos mundialistas, pero, sobre todo, impregnado de pasión, de efervescencia futbolera, de ruido, de muchísimo ruido por parte de la fanaticada.

Los argentinos y su inconfundible fervor por sus dioses del fútbol (Maradona y Messi) superaron por mucho en número y en ebullición a los españoles, convirtiendo por varios días a esta ciudad americana en su capital, Buenos Aires.

Y es que los “Chés” no se guardaron nada: tomaron por asalto Times Square y acamparon con todo y parrillas para cocinar sus asados, impregnaron de tangos y cánticos futboleros cada street, pernoctaron en sitios turísticos arropados por banderas argentinas y por pancartas con imágenes de sus ídolos.

Los españoles, por su parte, deambularon a discreción reconociendo que eran superados en número, aunque hubo valientes que, como buenos toreros madrileños, capotearon las provocaciones de la porra rival previo al partido.

Gloria Roja…

Ya en el día de la final, como era de esperar, el caos fue superlativo. Más de dos horas de trayecto desde Manhattan hasta el estadio, líneas de metro convulsionadas, filas interminables de autos varados en los túneles hacia New Jersey, filtros súper estrictos de seguridad con detector de metales y explosivos y un sistema de vigilancia coordinado por el ejército y todas las instancias gubernamentales americanas.

Un extenso desfile de vehículos blindados que transportaban a jefes de estado y otras figuras famosas del deporte y el espectáculo apareció custodiado por patrullas motorizadas y vehículos de asalto, llamando la atención del público que con dificultad avanzaba al estadio.

Los Fan Fest no se salvaron del extremo bullicio, recibiendo miles de familias que al aire libre y bajo un intenso calor observaban la batalla final desde pantallas gigantes.
Luego de los protocolos ceremoniales y las actuaciones del elenco artístico, tipo Super Bowl, el partido se desarrolló con intensidad.

Fue una batalla cerrada, trabada , muy peleada, pero al final se impuso la garra europea, el espíritu técnico, la calidad del equipo que mejor jugó en el torneo: España.
Sí, hubo desmanes y algunos brotes de violencia de parte de la barra perdedora, pero nada que la ya conocida severidad de la policía americana no pudiera controlar.

Al final, la Ciudad de Nueva York, tuvo un acontecimiento histórico, endeble y muy lucrativo por los altos precios en todos lados, pero, sin duda, quedó condenada a pagar durante varios días el precio de ser sede con exhaustivas jornadas de limpieza y rehabilitación urbana para restaurar los efectos de una gesta mundialista que jamás será olvidada.

 

Nota de Jesus Leal

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