El quinto suceso refundacional: Parque Norte, el Saltillo del futuro
Coahuila

El quinto suceso refundacional: Parque Norte, el Saltillo del futuro

¿Por qué los saltillenses viven como viven, en el sitio donde viven? ¿Qué patrones antropológicos rigen su comportamiento y desarrollo habitacional en El Valle de las Montañas Azules? Más fácil: ¿qué factor se impone a la hora de decidir la adquisición o renta de un inmueble por encima de otros en la ciudad?

Foto de perfil de José Alfredo Ramos López
Autor: José Alfredo Ramos López
01 de septiembre de 2026 a las 04:00 · 2 Vistas · 2 min de lectura

¿Por qué los saltillenses viven como viven, en el sitio donde viven? ¿Qué patrones antropológicos rigen su comportamiento y desarrollo habitacional en El Valle de las Montañas Azules? Más fácil: ¿qué factor se impone a la hora de decidir la adquisición o renta de un inmueble por encima de otros en la ciudad?

La contestación más básica de todas es el dinero. Sin embargo, no es la única; el juego no se reduce a eso.

Primero, partimos de lo básico: zonas altas, no inundables, desde donde se podía divisar el horizonte (y al enemigo, por supuesto), con fuentes de agua subterránea con posibilidad de ser alumbrada sin dificultad, además, fueron las primeras en ser pobladas. Esto en concordancia con la naturaleza y el sentido común.

El trazo que hoy es urbano, por tanto, se definió en un primer momento siguiendo la ruta de los escurrimientos de agua de sur a norte por los arroyos de respuesta rápida, en torno a un núcleo principal cercano a todo.

Ahora bien, a partir de ahí, cinco sucesos torales definen –a mi juicio– la ubicación y forma de vivir en Saltillo desde tiempos inmemoriales a la fecha.

El primero de ellos fue la división del valle, entre los asentamientos tlaxcaltecas y españoles cohabitando un territorio dividido en dos: San Esteban y Santiago, respectivamente.

Ahí se fijó entonces una primera segmentación por clases y orígenes.

El segundo acontecimiento, muchos años después, fue el retiro de las vías del tren y patio de maniobras del bulevar Coss en su cruce con Emilio Carranza, durante la gestión del Gobernador de Coahuila, Oscar Flores Tapia (1976).

A partir de dicho lance se liberó la extensión territorial, quitándole un cinturón a la ciudad que impedía la dispersión.

El tercer evento canónico llegó con el Plan Director de Desarrollo Urbano de 1990, siendo alcalde Eleazar Galindo Vara (quien posteriormente fuese depuesto y encarcelado en funciones, pero esa es otra historia).

Entonces un día, cuya fecha en el calendario fue 5 de junio de 1990, por así convenir a los intereses de los terratenientes, fue publicado aquel manifiesto refundacional que encaminó hacia sus parcelas la plusvalía, y motivó una microcivilización a principios de los noventas: personas migrando hacia el norte del municipio desde los otros puntos cardinales, desgranándose, como si los mejores especímenes se desprendiesen del resto para formar un estadio superior de civilización, alejado de sus vicios (o por lo menos así se concibió desde un principio).

La cercanía con la carretera a Monterrey como principio rector del progreso; alejarse del Centro Histórico, asociado a la decadencia. A contranatura y a contracorriente de otras latitudes, donde las partes altas representan el poder económico, en Saltillo sucede al revés: en las bajas se ha creado un modelo de convivencia concertado, artificial, cuyo valor correspondía por derecho natural a aquellas ubicadas en el extremo opuesto del valle, dirección a Zacatecas (donde además existe mejor calidad del aire y hay más precipitaciones pluviales al año).

Un cuarto punto, igual de importante que los anteriores, fue la edificación en masa de los puentes vehiculares en el Moreirato (2008-10).

Eso produjo un fenómeno llamado “demanda inducida”, ya que la construcción de vías y calles donde se prioriza el desplazamiento en automóvil produce un efecto sicológico que incentiva su tránsito y obliga a elegir el coche como única opción. No es casualidad que se haya duplicado el padrón vehicular de circulación de 2010 a la fecha.

Así, al “estirarse” el mapa hacia la periferia, se dispersó a su vez la mancha urbana. Ahí el patrón visual de propiedad privada es grisáceo, de construcciones inacabadas, anárquicas, asimétricas, segundos pisos que jamás acaban de ser edificados, cuartitos anexos a la construcción principal por necesidades apremiantes de crecimiento familiar, varillas ahogadas, obra negra y obra gris básica, sin acabados ni detalles que llamen la atención como manifestación cultural.

Se ha escrito aquí con anterioridad: el desarrollo urbano no lo determina la Dirección Municipal ídem, sino los albañiles. Pese a sus casi 450 años de fundación, la capital de Coahuila es una metrópoli donde predomina el block de concreto gris prefabricado.

Y aquí llegamos al tema que nos ocupa, pues el quinto suceso está por comenzar y se trata, en los hechos, de una civilización “sims” levantada al norte del norte de la ciudad. Un modelo de micro ciudad con todo lo necesario para la supervivencia y el esparcimiento, condensado en una zona con reglas comunes edificada al unísono sobre hectáreas de terreno.

Un complejo de usos mixtos denominado, para no variar, “Parque Norte”. Siguiendo la tendencia en boga de Monterrey, por ejemplo, con el desarrollo “Amara” y otros que replican el esquema en Barrio Antiguo y el Centro de la metrópoli mayoritariamente.

No es otro fraccionamiento privado más, de amenidades comunes y vivienda adosada con cocheras abiertas (por falta de espacio y para que los automóviles reluzcan como elemento principal de la casa, a falta de metros cuadrados). Tampoco es un edificio de vivienda vertical que se vende, no con la idea de un hogar, sino “activos” para su posterior alquiler a terceros.

“Parque Norte” nace a partir de una circunstancia: distancias cada vez más largas, mayor tráfico, y el automóvil como centro de la comunidad. A fin de remediar ese caos, el “twist” ahora es un apartheid para la convivencia controlada entre quien pueda costeársela, a pie de calle, no sobre el asfalto. Espacios libres de pedigüeños y banquetas obstruidas por todo tipo de obstáculos para caminar.

Su éxito, no obstante, implica una etapa previa: reeducar al saltillense, y lo más importante, resignificar sus hábitos.

 

Cortita y al pie

A estas alturas “Parque Centro”, pionero de “Parque Norte”, debe ser el punto de Saltillo más fotografiado actualmente. O dicho en términos de redes: el más instagrameable.

En la psique de los contemporáneos, representa el lugar que sí merece ser retratado y presumido (a contrario sensu, el resto no). Encuentro de influencers. Punto de reunión. La vanguardia.

Hasta antes de su edificación fue la Catedral, vista desde todos los ángulos posibles a fin de dar un poco de “movimiento” a la misma foto, o encontrar un enfoque inédito luego de 150 años. El resto del paisaje deliberadamente se olvida por no poseer algo destacable al ojo humano, condensado en antigüedad y belleza como características definitorias de su valor.

 

La última y nos vamos

Saltillo no deja de ser Saltillo: eventualmente “Parque Centro” será paulatinamente abandonado y degradado (bajará de nivel, como se suele conocer a ese fenómeno) en pos del nuevo epicentro, “Parque Norte”. Falta mucho. Falta todo. La novedad y el FOMO (miedo a perderse algo, por sus siglas en inglés), presentes todo el tiempo como combustible social, motivarán su constitución. El poder adquisitivo, en cambio, aún está por verse.

Nada en contra ni a favor de Grupo Davisa, empresa impulsora, ancla del proyecto, quien ve las condiciones propicias para invertir en él una cantidad estratosférica. Apuesta arriesgada e interesante que, de fraguar, constituirá un quinto momento histórico.

 

¡Comparte esta noticia!

Ayúdanos a informar a más personas compartiendo este contenido