A siete días del ataque, la Secundaria 13 permanece marcada por la tragedia
Torreón

A siete días del ataque, la Secundaria 13 permanece marcada por la tragedia

A siete días de este hecho, la salud de las víctimas favorece y los presuntos responsables, quienes cumplieron 19 años el pasado mes de agosto, podrían enfrentar hasta 60 años en la cárcel por los delitos de homicidio calificado y tentativa de homicidio calificado.

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Autor: Samara Bustamante
08 de octubre de 2026 a las 10:59 · 54 Vistas · 2 min de lectura

A siete días del ataque de la secundaria 13 de Torreón, así luce el exterior, habitantes del ejido La Unión han llevado flores, veladores e imágenes de Nedi Edith Narváez, subdirectora del plantel, quien perdió la vida tras ser atacada con armas blancas por dos hermanos.

Quien transita por la calle donde se encuentra la escuela, que irónicamente se llama Esperanza, se detiene por un segundo a observar y tomar fotografías del plantel en donde los gemelos David y Carlos detonaron petardos e hirieron con machetes a cuatro personas más.

A siete días de este hecho, la salud de las víctimas favorece y los presuntos responsables, quienes cumplieron 19 años el pasado mes de agosto, podrían enfrentar hasta 60 años en la cárcel por los delitos de homicidio calificado y tentativa de homicidio calificado.

Pero la historia de los dos hermanos no comenzó aquella mañana.

Con el paso de los días, surgieron detalles sobre el aislamiento que, presuntamente, ambos mantenían antes del ataque. Una vida marcada por carencias económicas y afectivas, así como por un entorno personal cada vez más alejado de quienes los rodeaban, comenzó a conocerse después de que las autoridades aseguraron y catearon el domicilio donde vivían.

A esto se le añade el resguardo dos menores de 9 y 10 años, hermanos de Carlos y David, tras la detección de omisión de cuidados. Ambos quedaron en protección de la Procuraduría para los Niños, Niñas y la Familia de la Laguna.

El inmueble fue intervenido después de más de 72 horas del ataque, situación que generó cuestionamientos sobre la actuación de la Fiscalía y el momento en que se realizó el cateo. Fue entonces cuando comenzaron a salir a la luz aspectos del mundo en el que vivían los hermanos.

Personas que tuvieron acceso al lugar mostraron las condiciones de la vivienda y algunos de los objetos y mensajes que se encontraban en su interior.

También cobró relevancia la presunta relación de los hermanos con un grupo o comunidad que idolatraba a personas responsables de ataques similares ocurridos en distintas partes del mundo. Este elemento forma parte de las líneas que han generado mayor interés alrededor de la investigación, al intentar establecer qué motivó a los jóvenes a convertir la escuela en donde estudiaron años atrás en el escenario de la agresión.

El caso dejó así dos historias que avanzan de manera paralela.

Por un lado, está la comunidad que intenta recuperar la normalidad mientras mantiene flores y veladoras frente a una escuela que, hasta hace una semana, era parte de su vida cotidiana.

Por el otro, la investigación que busca reconstruir qué ocurrió antes del ataque y qué llevó a los hermanos hasta ese punto: su aislamiento, las condiciones en las que vivían, las ideas que expresaban y la posible influencia de comunidades que exaltan a responsables de ataques similares.

A siete días de la tragedia, el silencio frente a la Secundaria 13 contrasta con las preguntas que todavía permanecen abiertas.

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