No se caracterizan por ser serios ni rigurosos. Son, más bien, dogmáticos y fundamentalistas. Ellos lanzan consignas al aire y endilgan calificativos a quienes consideran sus adversarios, pero de probar nada. Sus prejuicios van siempre por delante –a gritos, preferentemente– y que de las probanzas se ocupen otros, quienes quieran o puedan enmendarles la plana.
Coahuila

Son de aire: las vanas impugnaciones de Morena-PT en Coahuila

No se caracterizan por ser serios ni rigurosos. Son, más bien, dogmáticos y fundamentalistas. Ellos lanzan consignas al aire y endilgan calificativos a quienes consideran sus adversarios, pero de probar nada. Sus prejuicios van siempre por delante –a gritos, preferentemente– y que de las probanzas se ocupen otros, quienes quieran o puedan enmendarles la plana.

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Autor: José Alfredo Ramos López
14 de julio de 2026 a las 04:00 · 10 Vistas · 2 min de lectura

No se caracterizan por ser serios ni rigurosos. Son, más bien, dogmáticos y fundamentalistas. Ellos lanzan consignas al aire y endilgan calificativos a quienes consideran sus adversarios, pero de probar nada. Sus prejuicios van siempre por delante –a gritos, preferentemente– y que de las probanzas se ocupen otros, quienes quieran o puedan enmendarles la plana. Si no lo hacen, si nunca surge la evidencia, de todas formas seguirán creyendo en lo que dicen, o por lo menos comunicándolo en voz alta para ganar la narrativa (o engatusar a la opinión pública con su discurso, según se vea).

Si alguna autoridad en el ejercicio de sus funciones, en este caso un árbitro electoral, les niega sus pretensiones fuera de lugar, entonces se convierte, en automático, en un traidor a la patria. Un vendido. Un alquilado. Lo que sea. Cualquier cosa con tal de negar su responsabilidad en el asunto, y trasladar a ese tercero la afrenta. Nunca pierden. Jamás se manchan. Siempre les hacen fraude. Ajá.

Ese es el ciclo de Morena y su hermano tonto, el PT, cuando son derrotados en las urnas y reclaman en los tribunales lo que ni en uno ni en otro lugar se sostiene.

Acaba de suceder en Coahuila, a propósito de la impugnación general a la elección del pasado 7 de junio, resuelta el 9 de julio por el Tribunal Electoral del Estado a través del juicio electoral TECZ-JE-29/2026.

La pretensión era que se declarase nula la votación recibida en las casillas impugnadas de los 16 distritos electorales, y, por consecuencia, se anulase la elección en esas demarcaciones, y se revocase la entrega de constancias de mayoría, a quienes resultaron vencedores.

La Chalupa y buenas. Querían juego nuevo, pues. Nomás porque sí.

El recurso legal fue presentado el 14 de junio, es decir, una semana después de las votaciones (o sea tuvieron tiempo suficiente para recabar la evidencia que soportara sus dichos), por los representantes ante el Instituto Electoral de Coahuila de los partidos que integraron la coalición: José Arturo Braña Sotomayor, de Morena (aquél que al calor de la derrota dijo la noche de la jornada electoral en la sesión del IEC que Coahuila no valía nada en el tablero nacional), y Diana Isabel Hernández Aguilar, del PT (candidata perdedora de todo aquello a lo que se ha presentado en su día: diputada local, diputada federal, y aspirante a la Presidencia Municipal de Saltillo en 2020, 2021, y 2024 respectivamente).

Y se desechó de plano, por unanimidad.

De entrada, el acto jurídico revela un desconocimiento de la ley, pues no se pueden impugnar 16 elecciones (que suponen además 16 comités distritales interesados a los cuales acudir) en un mismo escrito de demanda, como les hizo saber la magistratura ponente del caso.

Además, ninguno de los dos representantes mencionados contaba con personalidad y legitimidad para iniciar dichas impugnaciones.

Lo de siempre, pues: sus posicionamientos públicos son aéreos, no aterrizados. Puro blof. Ninguna sustancia.

No conforme, existen otras 32 impugnaciones vigentes (ahí sí, 16 por Distrito, una del PT y otra de Morena en cada demarcación). No obstante, de una lectura a los agravios presentados al Tribunal Electoral de Coahuila (los cuales podrían resumirse a cuatro puntos: “recibir votación en fecha distinta”, “recibir votación por personas u órganos distintos a los facultados”, “permitir votar sin credencial o a personas no incluidas en la lista nominal”, e “impedir el acceso o expulsar a representantes de partidos sin una causa justificada”) se puede interpretar que no hay materia bastante para revertir el resultado (o la paliza que les propinó la coalición PRI-UDC).

 

 

Cortita y al pie

Más allá de una imagen creada con Inteligencia Artificial para difundir en redes sociales, compuesta por el rostro del Gobernador de Coahuila grafiteado con un código QR, y el dominguero concepto de “QR Gate Cibernético”, no traen nada en el morral. Incluso, a últimas fechas, redujeron a cero la cantaleta del fraude que propalaron la semana después de las elecciones.

Un mes después, los mariachis callaron.

Simplemente, como grupo beneficiario residual de las decisiones centralistas, esperan a que, en la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, una tercia de magistrados afines a la 4T, mismos que desde finales de 2023, fecha en que asaltaron la Presidencia del órgano, y quienes sistemáticamente aprueban o deniegan lo que al derecho de Morena convenga, les hagan el favor.

Como si la voluntad de los ciudadanos de Coahuila fuese negociable, o como si se pudiesen anular de un plumazo ventajas de 355 mil votos, equivalentes a un 30% de diferencia.

 

 

La última y nos vamos

Morenos y petistas, por lo demás, impugnan peor que los panistas.

Y eso sí calienta.

 

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