Ecuador.- Un operativo llevado a cabo en la localidad de Espejo, en la provincia amazónica de Pastaza, Ecuador, culminó con el rescate de una niña de 10 años que había sido traficada desde Perú. Las autoridades detuvieron a un hombre de 50 años, acusado de tráfico humano para matrimonio servil, quien pretendía forzar a la menor a vivir con él.
Este caso, resultado de una investigación de dos meses sobre redes de trata en la frontera, enciende de nuevo las alarmas sobre una crisis sostenida y silenciosa en el continente: el matrimonio infantil y las uniones tempranas forzadas.
Una región que no avanza
De acuerdo con datos de Unicef, una de cada cuatro menores en América Latina y el Caribe ha sido objeto de matrimonio infantil o ha iniciado una unión temprana antes de cumplir los 18 años. La estadística más preocupante para los especialistas es que esta es la única región a nivel global donde las cifras no han disminuido en los últimos 25 años, contrastando incluso con África subsahariana, que ha logrado reducir su incidencia.
Alma Burciaga González, vocera de la organización Girls Not Brides, explica que la raíz del problema es multifactorial:
" Debido a la pobreza, el acceso limitado a la educación y las pocas oportunidades económicas, así como por la exposición a la violencia, muchas niñas buscan seguridad y estabilidad económica en sus uniones”.
Leyes insuficientes ante la tradición y la pobreza
A pesar de que a lo largo del siglo XXI varios países han prohibido el matrimonio con menores —incluyendo a México en 2019, Perú en 2023, y recientemente a Colombia y Bolivia en 2025—, la realidad estructural sigue superando a la legislación.
Lorena Villavicencio, titular del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) en México, advierte que la prohibición legal redujo los matrimonios formales, pero disparó las uniones de hecho. Tan solo en el último año, México contabilizó cerca de 9,000 uniones tempranas.
" No hemos resuelto los problemas estructurales que permiten las uniones tempranas en nuestro territorio. Algunas veces, por respetar tradiciones (sistemas normativos de comunidades indígenas), podríamos estar condenando a las niñas a vivir en un círculo de pobreza”, detalló la funcionaria.
El informe de Unicef de 2025 ubica a República Dominicana, Nicaragua y Honduras como los países con mayor prevalencia en la región. Además, destaca una alarmante disparidad: una de cada cinco menores que contrae matrimonio lo hace con un hombre al menos 10 años mayor.
La educación como principal escudo
Las consecuencias de estas uniones incluyen la interrupción escolar, embarazos precoces y una mayor vulnerabilidad a la violencia de género y abusos, tal como lo denunció la niña rescatada en Ecuador.
Para las organizaciones internacionales, las soluciones deben ir más allá de la criminalización. Las estrategias clave se centran en proveer alternativas económicas y de liderazgo para las menores, como los campamentos juveniles implementados en República Dominicana. Sin embargo, la acción más contundente, coinciden las expertas, es garantizar que las niñas no abandonen la escuela, ofreciéndoles los medios para completar su educación básica e incluso llegar a la universidad.