El silencio que quedó en el ejido La Unión tras el ataque en la Secundaria 13
Coahuila

El silencio que quedó en el ejido La Unión tras el ataque en la Secundaria 13

Este domingo 4 de octubre, el recorrido por el ejido llevó hasta la vivienda donde ambos hermanos pasaban gran parte de su tiempo.

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Autor: Samara Bustamante
04 de octubre de 2026 a las 21:52 · 150 Vistas · 2 min de lectura

El ejido La Unión, en Torreón, luce distinto después de lo ocurrido el pasado jueves 1 de octubre al interior de la Escuela Secundaria número 13.

Las calles permanecen en silencio. Hay poca gente afuera de sus viviendas y, entre los habitantes, el recuerdo del ataque ocurrido días atrás permanece como una conversación que todavía cuesta procesar.

Fue en este lugar donde vivían Carlos y David, los dos hermanos señalados como probables responsables del ataque cometido con machetes al interior del plantel educativo, donde perdió la vida la subdirectora Nedi Edith Narváez González y otras cuatro personas resultaron lesionadas.

Este domingo 4 de octubre, el recorrido por el ejido llevó hasta la vivienda donde ambos hermanos pasaban gran parte de su tiempo.

Desde el exterior, la casa no aparenta ser diferente a las demás. Sin embargo, al ingresar a las habitaciones que utilizaban los jóvenes, el ambiente cambia. En las paredes quedaron plasmadas distintas frases que ahora forman parte de la investigación y que permiten observar el entorno en el que vivían.

“Odio al mundo”.

“La vida no tiene valor cuando no eres nadie”.

“No me arrepiento de nada”.

Las frases aparecen escritas en los espacios que habitaban los hermanos, dentro de ella, también fue localizada simbología cuya finalidad o significado todavía no ha podido ser determinado. Hasta ahora, no existe una explicación oficial sobre qué representan esos símbolos.

Una vida lejos de los demás

Los vecinos describen a Carlos y David como jóvenes solitarios. Algunos aseguran que pocas veces los veían en la calle y que permanecían durante largos periodos dentro de su vivienda. Su presencia en el ejido, de acuerdo con los habitantes consultados, era prácticamente inadvertida.

No eran personas que convivieran de manera frecuente con sus vecinos ni que permanecieran durante mucho tiempo en los espacios públicos de la comunidad.

Vivían, según las descripciones recabadas, buena parte de su tiempo dentro de aquellas cuatro paredes. Ahora, esas mismas paredes contienen mensajes que adquieren otro significado después del ataque.

De acuerdo con las investigaciones, los hermanos mostraban admiración por personas que habían cometido atentados similares en otras partes del mundo, un elemento que también forma parte de las líneas de investigación para determinar qué factores pudieron influir en la planeación y ejecución de la agresión.

Sin embargo, detrás de los muros y las frases permanece una pregunta que todavía no tiene respuesta entre los habitantes: qué ocurrió para que dos jóvenes que vivían prácticamente apartados de la comunidad terminaran protagonizando un ataque dentro de una escuela.

”Los cuates” son vinculados a proceso

La mañana del domingo alrededor de las 12:00 horas se llevó a cabo la audiencia inicial de los hermanos, horas más tarde se informó que ambos fueron vinculados a proceso por los presuntos delitos homicidio calificado y tentativa de homicidio calificado.

Por ello, los cuates podrían enfrentar una pena de hasta 60 años de prisión en caso de ser encontrados responsables de los delitos que se les imputan.

El regreso a la rutina

En La Unión, la vida intenta continuar.

Las calles siguen siendo las mismas. Las viviendas permanecen en los mismos lugares y los vecinos realizan sus actividades cotidianas.

Pero el silencio es diferente. Hoy, detrás de esas paredes, quedaron las frases. Y afuera, en las calles, permanece el silencio.

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